Tentaciones
Menos mal que nos queda Paul Collins. Si, es un perezoso (nueve discos en 20 años), pero cada entrega de este estadounidense afincado en España es un triunfo de la melodía y el pop guitarrero. Esta vez el sonido es recio, fiero y rocoso. El album dura poco (apenas media hora), una clase (gratis) para los (muchos) grupos que andan más preocupados por calzarse unas zapatillas amarillas que por componer música. Gracias, maestro.
-Carlos Marcos
Ribbon of Gold confirma el feliz regreso de este gran músico
Flying High Crítica
El padrino del power pop, muy querido en nuestro país,
recibe una calurosa acogida en Madrid al presentar "Flying High".
La actuación del que fuera líder de The Nerves y The Beat se encuadraba dentro del programa de "La Movida" que la sala madrileña El Sol ha decidido fijar este mes de Enero. Para un servidor, poco tiene que ver la música y la persona de Paul Collins con ese movimiento "transgresor" de los 80, si omitimos el dato de que tocaba esos mismos años por los mismos sitios que frecuentaban Alaska, McNamara y compañía.
Dejando a un lado esto, el directo del norteamericano fue impecable de principio a fin, mostrando un gran estado de forma a pesar de los años. En cuanto al cancionero, destacar el amplio repaso a su larga trayectoria, rescatando temas clásicos de The Nerves como "Hanging on the telephone" y dando a conocer bellas canciones de ese reciente Flying High ("Will you be a woman", "Helen" o "Rock and Roll Shoes").
En este cuarto de siglo ha cantado a la chica rockera y los zapatos rockeros, pero es el power pop el estilo que maneja a la perfección.
En este cuarto de siglo, Paul Collins ha cantado a la chica rockera y los zapatos rockeros, pero es el power pop el estilo que maneja a la perfección y en el que tiene pocos competidores. Con unos inicios anclados en la new wave, el norteamericano afincado en España ha sabido madurar con clase sin venirse abajo en ningún momento. Además, es necesario destacar la reciprocidad que consigue con el público, con el que bromeó a gusto y se atrevió a recordar los años dorados en los que disfrutaba de un porro y una litrona en las calles de Malasaña.
A lo largo la actuación sonaron temas de pop sencillo con melodías placenteras como las de "Paco y Juan" o "Flying High", hasta las rockeras "Working too hard", "On the highway" o "U.S.A", donde el guitarra solista daba rienda suelta a sus dedos. El cuarteto se mostró sólido sobre las tablas y demostró por qué están en la cima del género y han servido de inspiración para muchos otros grupos de los 90, tanto europeos como americanos.
Mi Madre, mi Mentor y Yo Crítica
Unos pocos recordarán a The Nerves y The Beat, epígonos del power-pop de cierto calado, pero rara vez en listas nostálgicas. Más tarde, una carrera en solitario con más desapariciones que el río Guadiana… ¿Qué éxito ha alcanzado Paul Collins para imaginar que nos interesa su autobiografía? Precisamente, es su cualidad de “eterno aspirante”, de “casi famoso”, la que aporta a este pequeño libro un carisma único y un distintivo válido. Paul Collins, al borde de la cincuentena, cambia la guitarra por el bolígrafo y se enfrenta a sus recuerdos. No siendo escritor, se divierte haciéndose pasar por uno, pero nos recuerda constantemente que no debemos tomarle demasiado en serio –se permite interrumpir la narración, inopinadamente, para prepararse un plato de macarrones con queso, y tan pancho.
Sin ortodoxia, sin pretensiones y con agallas, nos entrega el relato de una vida de “casis” y “quizases” permanentes. Persiguiendo su temprano sueño de convertirse en una “rock star”, le vemos “intentarlo”, retornar al punto de partida, lidiar con crisis creativas, hundirse en la desesperación, cometer errores monstruosos, desmontar el chiringuito y volver a empezar (hoy por hoy, viviendo en Madrid). El sueño americano siempre esquivo y él, roto, recompuesto, recosido.
La lectura de estas “memorias” ofrece la sensación de estar espiando en una confesión muy profunda, y puede adivinarse la fuerza terapéutica para el autor, que se esfuerza en rescatar episodios que, muchos de ellos, deben de producir dolor o vergüenza. La urgente y atropellada narración comienza en su infancia, con su familia en Camboya y luego Grecia, y recorre sus años de aprendizaje, prematura adultez, las primeras y desastrosas aventuras musicales, la caricia del éxito que se hace esperar ad infinitum...
Se atiene a dos recursos tan tramposos como efectivos: las vigilantes figuras de la madre y el mentor, que interrumpen el monólogo astutamente para marcar (o destrozar) el ritmo; y la insistencia, casi paródica, en ocultar nombres propios y datos, con el fin de evitar una supuesta demanda judicial. Al mismo tiempo que Collins batalla con la materia que conforma su vida, en busca de alguna certeza, te ríes, sufres y maldices la cualidad tóxica de estos recuerdos. Algunos se llevarán su verdadera historia a la tumba, pero Collins se ha sacudido la desgracia, el olvido y la pereza, y se lo agradecemos. Para leer, eso sí, en una sola noche, a ser posible enlazando uno con otro sus urgentes discos nuevaoleros.
por: Carolina León
